Selección, Orientación Laboral y RRHH

Blog de Jaime Armada Fernández

La generación sacrificada

Hace una temporada que se viene repitiendo el término Generación Perdida. La dicen en los periódicos, en la radio, ¡En la televisión! Cuando hablan de ello, no es que misteriosamente millones de adolescentes hayan desaparecido repentinamente. No. De lo que se habla, es de jóvenes echados a perder. Sí, echados a perder, cómo la fruta que queda en un bol, sin comer. De jóvenes que pasan sus horas ante las pantallas de sus televisiones, ordenadores, Ipads o Smartphones. Jóvenes con los sueños hechos pedazos y condicionados asumir su estado y aceptarlo. Jóvenes sin trabajo, que viven con sus padres y que se les ve cómo sanguijuelas en el sistema.

Desde luego, ¡Qué desfachatez la de estos chicos!. El país cayéndose a pedazos y ellos sin hacer nada al respecto, en sus casas, chupando del bote. Ganduleando con sus consolas, televisiones y amigotes. Se tiran el día esperando que mágicamente un trabajo les caiga del cielo y, claro, ¡Para qué se van a mover!.  Pudiendo tantos trabajar, dejan que los no Nacionales lo hagan, pues claro, éstos últimos lo hacen por cuatro duros. ¡Tampoco se han querido seguir formando y eso que en nuestro bien-amado país disponemos de una educación pública y de calidad! Y, desde luego, tampoco se van fuera, donde encontrar trabajo, apenas les llevaría unos meses, ¡ Y hasta aprenderían idiomas nuevos!

Desengañémonos. Nuestros jóvenes (y los que ya no lo somos son tanto), se mueren de ganas de trabajar. Es muy fácil culparlos por su estado actual cuando, hace unos años, el discurso ibérico imperante era “¿Para que estudiar para un trabajo en el que ganarás 2000 al mes, si puedes ganarlos YA?”. Si hubierais encontrado entonces (lo digo en pasado, por que hoy en día no os los pensaríais dos veces) a algún hombre, en una esquina, con una gabardina que os ofreciese un trabajo “rápido” a cambio de 2000 euros, estoy seguro de que la mayoría lo hubiesen rechazado. Pero quienes ofrecían los trabajos eran los mismo hombres trajeados que nos decían que la economía Española era una máquina imparable y parecía ir todo viento en popa.

No podemos culpar a los parados por cómo se encuentran. Nadie quiere quedarse sin trabajo. No podemos culpar a la gente por aceptar trabajos precarios para subsistir y, desde luego, no podemos culpar a la gente por no orientarse a una nueva profesión cuando su preocupación consiste en mantenerse día a día o mantener a los suyos. No, ellos no son los culpables de su estado, son las víctimas, los sacrificados.

Por todo ello, se debe re-evaluar a estas personas. No son apestados, ni vagos, ni gente que no sirva para nada. Son personas que se han visto envueltas en algo más grande que ellos y busca una oportunidad para trabajar, demostrar al resto del mundo y a ellos mismos que sirven para algo. No los critiquemos, ni les tengamos lástima, admirémosles por su incansable búsqueda de trabajo y démosles apoyo que bien seguro les hace falta.

Gracias por la lectura,

Jaime Armada

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Esta entrada fue publicada en 21 diciembre, 2013 por en empleo, trabajo y etiquetada con , .

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